Ensayo sobre la vida que no entiendo Martes, Jun 17 2008 

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  SINOPSIS

 La vida es difícil para los adultos porque muchas veces nuestro enfoque está determinado por un cúmulo de prejuicios, búsqueda de dobleces o maquinaciones fantasmagóricas (comúnmente auspiciadas por el aburrimiento que en determinados momentos pueda embargar nuestras vidas).

Pero un niño aún no ha sido contaminado por la madurez irascible o maquiavélica de la sociedad que le rodea, y nos puede dar una visión transparente y dulce de todo aquello que se desarrolla en su entorno y que pasa por su lado sin minar la candidez que aún campa en su espíritu.

Divertido y satírico, este ensayo trata de reflexionar sobre los comportamientos adultos que han perdido el norte de la paz interior.

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 Como habéis ido viendo en mi blog, en algunas entradas e incluido extractos de capítulos de mi “Ensayo sobre la vida que no entiendo” asociados a las reflexiones, pensamientos, etc. que en ellas he expresado. No obstante, seguramente a algunos de vosotros os surja la inquietud de leerlo en su totalidad (ejercicio aconsejable porque sin duda pasaréis un rato divertido compartiendo las experiencias de Camil, el protagonista), por lo que me he decidido a publicar este post con la intención de que todo aquél que desee recibirlo (en formato .pdf) pueda solicitármelo por e-mail (ya sabéis: gsanchez@tecnicas-tera.es) y muy gustosamente compartiré mis reflexiones y mi imaginación con quien quiera leerlo.

Sobre todo me gustaría que a través de este blog me hagáis llegar vuestros comentarios, las sensaciones que os pueda haber provocado su lectura, las críticas, todo lo que queráis expresar.

Y por último, si además alguno quiere hacer alguna donación al respecto (ya sabéis que ahora esto está muy de moda con las publicaciones en la red), sólo tiene que pedirme en el correo electrónico mi número de cuenta y estaré encantada de facilitárselo!  

 

Cuando me vaya, aún esperaré algo de la vida Martes, Jun 17 2008 

No es mi intención vestirme de gris en esta entrada, sigo con enormes ganas de sacar mi bikini al sol y estoy con todos los colores de la primavera colocada y dispuesta en la línea de salida; pero ayer mantuve una conversación con un amigo acerca de qué se podía esperar que ocurriera a nuestro alrededor cuando dejáramos este mundo y me parece un tema muy interesante sobre el que expresar mis aspiraciones.

Su respuesta era muy simple: NADA. Mi conclusión automática no fue ni más ni menos que hacerla corresponder con el pesimismo que a esta persona le seduce en numerosas ocasiones, opinión que no se conjuga en absoluto con la mía, más caracterizada por la posición contraria de optimismo y alegría que además siempre espero se mantenga asociada a mi nombre.

Cuando ya mis restos se hallen dispersos y mezclados por entre las flores, la tierra, el agua y el viento (innumerables veces he ratificado que no deseo permanecer eternamente sepultada en un rectángulo para servir de lamento a no sé qué días señalados del calendario, sino que quiero formar comunión con otras vidas a través de las partes de mi cuerpo que sean aprovechables, y las que no lo sean, se lancen incineradas a la naturaleza, a la vida que me arropó durante todo el periodo de mi existencia para que mi alma y mi esencia vuelen en eterna libertad), quisiera perdurar en el recuerdo, en las risas de la rememoración de los momentos que más intensamente viví con mi familia y con mis amigos. Aspiro a que todos aquéllos que me han conocido -y quieran participar-, compartan una fiesta de fin de curso, sin lutos ni lágrimas, repitiendo una vez más todas aquellas anécdotas y vivencias tan divertidas que vivimos juntos -como tantas veces recordamos y reímos cuando nos sentamos a conversar reunidos cualquier día de la semana. Y al final, cuando ese día ya haya terminado y se den sucesión a los siguientes días de otras mañanas o tardes, que un olor, un gesto, una palabra, hagan recordar mi imagen en la mente de las personas que estuvieron junto a mí, se les dibuje una sonrisa y mi esencia perdure de esta forma alegre y vivaz en su recuerdo.

¿Y tú, qué esperas de la vida cuando te hayas ido?