Tienes en mis manos
la inocencia de todas las flores,
el aroma de los caminos
recorridos en millones de segundos,
el rocío de las olas refrescando
las líneas de mi piel.
Tienes en mis ojos
a la niña que acude
impaciente a la llamada
de los colores, de la alegría,
de tantos despertares cálidos
entre las sábanas
de mi corazón.
Tienes en mi alma
la pureza de los cantos,
las notas hiladas con el jugo
de mis sueños, de mis atardeceres,
de la vida que narrarán
los juglares de mis épicas.
Tienes todo lo que dejé
de ser en las glaciaciones oscuras
de los momentos perdidos.
Tienes de mí
todo lo que podré ser.
Gema Sánchez García
