Adquirimos muchos compromisos a lo largo del día, a veces con nosotros mismos -y ésos duelen un montón si no los cumplimos-, y la mayoría de las veces con los demás, que se emiten más gratuitamente porque dejarlos a un lado, u olvidarnos de ellos, siempre resulta más fácil.
Sabemos desarrollar una habilidad especial para buscar excusas que justifiquen por qué no fuimos capaces de cumplirlos. Incluso a veces las construimos tan sólidamente que logramos autoconvencernos de que, evidentemente, no era posible llevar a cabo tal o cual acción, y entonces emitimos un escueto “lo siento”, más condescendiente que inculpatorio, con el que zanjamos la cuestión, y pasamos página.
Analizando este tema, lo que de verdad sorprende es cuando te encuentras con alguien que vende tan barato su honor y su credibilidad que ya no es capaz de despertar una expectativa en el de enfrente, ni siquiera en las cosas menos importantes; parece imposible, pero sí, me he topado con alguna persona de este calibre (afortunadamente puedo decir que alguna, y no muchas, porque sería un desastre realizar esta otra afirmación) y es tremendo tener la sensación de no poder dar valor a ninguno de los compromisos adquiridos por estos humanos.
Mantener la palabra, probablemente (y a mi modo de ver), sea uno de los calificativos más importantes con que aquéllos que están a nuestro alrededor puedan definirnos. Ser capaz de transmitir esa sensación de seguridad y de compromiso con la vida es una carta de presentación que alimentará y hará crecer todo lo que sembremos a nuestro alrededor, y será la dignidad que nos permita llevar la espalda recta (con los hombros bien atrás) y la frente erguida. Y cuando uno tiene esas credenciales, puede resultar tanto o más difícil admitir que otros no dispongan de dicha característica, o al menos no en la medida en que nosotros esperamos (por ejemplo, por dar valor también a las cosas más pequeñas, aunque sean nimiedades), es difícil porque uno, antes de incumplir, habrá evaluado muy mucho qué capacidad tiene de llevar a cabo o de que se produzca la afirmación realizada; es añadir otra cualidad a nuestro curriculum, la valentía, por saber decir NO antes que saber buscar en el “Manual de Excusas” cuál es la más apropiada para la ocasión.
Ésta es una buena vara de medir, ¿es muy grande tu “Manual de Excusas”?
Septiembre 2, 2008 a las 5:39 pm |
Esa gente que te hace esperar horas para decidirse o que te hacen perder una tarde porque cambian de opinión en cualquier momento, o que tiran alguna ilusión tuya abajo son lo peor, no tienen en cuenta a los demás.
No, me temo que mi libro de excusas no es grande, cuando adquiero un compromiso, me haga gracia o no, lo cumplo, que para eso he dado mi palabra.
Septiembre 2, 2008 a las 6:12 pm |
Bien dicho!
Septiembre 3, 2008 a las 9:54 pm |
Mi libro de excusas antes de dar mi palabra es cada día más amplio.
Estoy de acuerdo contigo, pero en mi caso al menos, esa probablemente excesiva importancia que le doy a la palabra dada hace que no me implique en muchas cosas, que no tome partido.
Prefiero que no cuenten conmigo a la mínima duda, es decir, me gusta decir algo y hacerlo lo que hace que algunas veces ante la duda no lo intente.
Comprometerse en algo implica tantas cosas que al final acabo por no comprometerme con nada, no falto a mi palabra, pero tampoco hago nada, no sé si se me entiende.
Septiembre 3, 2008 a las 10:20 pm |
Se te entiende perfectamente, pero… ¿la vida te permite quedarte tan al margen?
Septiembre 4, 2008 a las 7:19 am |
“Mantener la palabra” en el “Sistema humaoide” que nos hemos montado y que hemos bautizado con el nombre de “Sociedad”, que en más de una ocasión suelo llamarlo “Suciedad”, porque no hay más que porquería en ella, es una ardua tarea, pero sí se puede mantener la palabra si se es una persona con unos ciertos criterios básicos, un poco de humanidad y sinceridad.
Quien no entienda que el ser humano es un animal pensante que necesita, repito, necesita de los demás, vamos a seguir faltándonos los unos a los otros la palabra. Y nos seguiremos etiquetando y sacándonos los ojos por ser mala gente.
Es muy bonito decir: “Sí, lo haré”, y después por los motivos que sean dejas a esa persona en la cuneta, ahí, con un lamentable: “Lo siento, no volverá a ocurrir”.
El mundo empresarial podría decir que es el que más toca eso de “mantener la palabra”, y son los que peor quedan después.
Soy de las pocas personas en mi entorno que antes de dar mi palabra medito sobre el tema, y a partir de ahí miro los riesgos para los demás y después los míos. No suelen darme miedo los riesgos que pueda correr yo, pero los riesgos de los demás.
Otro apunte y finalizo: Si algún día doy mi palabra y veo que no puedo cumplirla, antes de que la otra persona me diga cualquier cosa, ya se lo he explicado yo antes, con valentía, antes que nadie. En más de una ocasión me ha ocurrido, y se pasa francamente mal, pero después se agradece.
“El mundo está lleno de gente, pero personas hay muy pocas.”
Sin más, Gema,
Recibe un saludo.
Septiembre 4, 2008 a las 8:00 am |
Bienvenida al blog, Imperfecta pero única. Leo entre líneas que estás un poco dolida con el mundo en cuanto al tema referido, la verdad es que hay veces que uno se siente fatal cuando comprueba que la gente hace promesas con tanta alegría para luego incumplirlas y cosas por el estilo, pero tampoco por ello debemos hacer una cruz colectiva o pensar que muy poca gente merece la pena, porque sí la hay. Insisto, me ha parecido ver mucho dolor en tus palabras, y eso no es bueno para uno mismo, hay que relajarse y soltar lastre, que lo que nos llevamos a cuestas permanentemente lo único que hace es dañar nuestros sentimientos vertebrales y dejarnos lesionados eternamente.
Gracias por tu comentario.
Septiembre 4, 2008 a las 9:49 am |
Hola. Cuando se trata de buscar excusas el ser humano tiene una capacidad muy grande. Pienso no hay nada como ser sincero, pues al final el engaño sólo crea sentimientos negativos, principalmente quién lo recibe..
Vivimos en una sociedad en la que anteponer el tiempo como excusa ya lo cura y perdona todo, pero no siempre debe ser así.
Saludos.
Septiembre 4, 2008 a las 2:23 pm |
Gema,
Estoy muy dolida, en una soledad inmensa. Me he desvivido por hacer muchísimas cosas por los demás, proyectos, ayudas, y nada, absolutamente nada ha funcionado. Todo quedó en papel mojado. Y te pones a pensar y dices: ¿Esto es vida? ¿Así es? Qué bonito es hablar, y tener a alguien capaz de que haga cosas, y después no cuenten con esta persona mientras todo el trabajo hecho ha dado fruto y funciona.
No se debe hacer malasangre de nada, pero en un corazón herido hay que darle tiempo, y que al fin en algún momento pueda descansar, que pueda vivir y le dejen vivir. Así el concepto de la vida puede mejorar mucho.
En fin, así es la vida y así nos la montamos.
Un placer.
Septiembre 4, 2008 a las 3:00 pm |
Bienvenida al blog, Trebol. Indudablemente la sinceridad debe ser la mejor de nuestras credenciales, a la larga, siempre facilita las cosas. Gracias por tu comentario.
Imperfecta pero única, no te desanimes, el tiempo siempre pone las cosas en su sitio (escribí un post anterior al respecto de esto), estoy convencida de ello, sin duda la vida te devolverá con creces todo lo que estás invirtiendo en ella. ¡¡Ánimo!!
Septiembre 16, 2008 a las 7:27 pm |
No digo que no tenga libro de excusas.., todo el mundo tiene uno, aunque no lo reconozca. También tengo un libro de razones. Pero lo que mas tengo es una multitud inmensa de momentos, comentarios y situaciones que no se donde ponerlos. ¿Excusas.., razones…? No sé.., dependiendo del día, las voy cambiando de sitio..,una vez van al de excusas otrora al de razones..En fin.., un lío, porque aunque ponga una excusa alguna razón siempre tiene.
Quién sea no se lo merece.. Un saludo.
Septiembre 17, 2008 a las 8:52 am |
Bueno, Félix, ¿y excusas y razones no son lo mismo? Puede parecer que las excusas tengan unas connotaciones menos eximentes, pero al final, ambas lo que tratan es de justificar los actos no realizados (analizándolo desde el punto de vista del post).
Septiembre 17, 2008 a las 5:51 pm |
No,,,Gema, no es lo mismo… Porque las excusas se dán cuando se arrepiente uno de la palabra dada, las razones son circunstanciales y no dan por cerrado el compromiso, sólo lo pospone.
Ahora sí.., la consecutiva puesta de impedimientos por muy razonables que sean, son acumulativos, y deben ser valorados como excusa.