En busca de la bondad, o al contrario Miércoles, Abr 30 2008 

Una de las cosas sobre las que más me divierte escribir se concentra en torno a los lobos ataviados con piel de cordero. Estos seres que circundan nuestra existencia con la sonrisa melosa, abierta de par en par, pero que entre las comisuras de sus labios esconden un colmillo retorcido como un berbiquí y sobre el que es difícil reparar si no se fija uno mucho o si no se tiene auténtica destreza en la previa identificación (cuestión complicada, hace falta para ello mucha habilidad o mucha genuinidad, como la de la inocencia, para no sucumbir a los encantos maléficos de estos seres viperinos).

Y me gusta escribir sobre ellos para dar fe de su existencia, porque nos acechan constantemente tratando de embelesarnos y agotar nuestras posesiones (pasión, energía, talento… por no decir económicas, que también ocurre) de forma subrepticia y pensando que con encantos fingidos y dulces venenos conseguirán sus propósitos sin apenas despertar la sospecha de las víctimas.

EL ALARDEO DE LA BONDAD

(extracto del capítulo)

            Ella suponía que podría entrar en la casa y mantener una charla privada con la anciana, pero ni ella se apartaba del centro del umbral, ni el séquito de habitantes del pueblo se marchaba, nadie quería perderse el desenlace del asunto.

 

            -Bien, aquí mismo le explicaré mi misión. Como amablemente me han presentado, soy Agapita Bermúdez, Presidenta del G.A.P.I., Grupo de Auxilio para los Pobres Ignorantes…

 

            -¡Alto ahí señora! –interrumpió la abuela Marina-. ¡En esta casa “ignorantes” no hay! Así que si eso es todo… ¡vuélvase por donde ha venido!

 

            Y dejándole con el resto de la frase en la boca, dio un paso atrás y cerró la entrada de un portazo.

 

            Agapita Bermúdez contuvo su desesperación con un resoplido y, armándose una vez más de calma y paciencia, volvió a llamar a la puerta con sus nudillos.

 

            -¿Acaso no me he explicado con claridad? –preguntó la abuela Marina al aparecer de nuevo tras la puerta.

 

            -Es que no me ha dejado usted terminar. Somos un grupo de ayuda altruista que se preocupa de dar la debida atención a todas las personas que lo necesitan.

 

            Aquello despertó el interés de la abuela Marina, quien seguía algo reticente a la visita, pero se veía invadida por cierta curiosidad.

 

            -He podido saber que vive usted sola, sin nadie que le dé compañía, pueda asistirla en caso de alguna enfermedad o ayudarla diariamente.

 

            -¡Ah! Pues sí. Tiene usté razón, Gapi. Esto de los “alturistas” empieza a convencerme.

 

            -GAPI es el nombre de la Asociación, mi nombre el Agapita Bermúdez.

 

            -¡Y qué más da Gapi que Agapita! Así es más corto.

 

            La mujer contestó con gesto contrariado, pero no quiso interrumpir la réplica, ahora que todo parecía alcanzar el cariz buscado.

 

            -Como le decía, Gapi -aquello repicaba en los oídos de la mujer como punzones al rojo vivo, pero ella trataba de no perder la compostura y la serenidad-, precisamente tengo un montón de faena por hacer. Estamos en plena época de matanza y necesito a alguien que me sujete los cochinos mientras los degüello, que ya no está una para esas batallas. Además, tengo una pila entera de cacharros por fregar, que con el montón de cosas que hay por hacer en los establos, no he tenido tiempo de meterles mano en una semana. Y ya que estamos… pues habría que darle un repasito a toda la casa, con estas edades me da miedo subirme a los altos y las telarañas me están comiendo… Pase, pase usted, que cuando vuelva a la capital va a llevar la tarea bien cumplida.

 

            -Bueno, yo simplemente vengo a inspeccionar las zonas, haré un informe y pronto le enviaremos la ayuda social que necesita. También tengo que indicarle la cuenta bancaria en la que podrá depositar todos sus bienes.

 

            -¡Ah! ¿Pero esto no es gratis? Pues vaya una ayuda del Gobierno, ellos, como siempre, pensando en sacarnos los cuartos; eso sí, con una maña…

 

            -No, señora, nadie pretende eso. Es simplemente por si, debido a su avanzada edad, le entra un desequilibrio mental y no sabe administrarse.

 

            -¡Uy, hija! Eso me dicen los nietos, que vienen una vez al año a verme con ese cuento… Pero yo solita me organizo los dineros perfectamente. Y, no tema, que tengo la cabeza muy en su sitio, ¡y por muchos años! –Y añadió para sus adentros: “¡No te digo! Ya sabía yo que viniendo de la capital, no podría ser nada bueno…”

 

            Sin más dilación la abuela Marina volvió a cerrar de un portazo, dejando a Agapita Bermúdez con cualquier pretensión o añadido en la boca.

 

 

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Joder, joder, joder Martes, Abr 29 2008 

Dicen que un taco utilizado a tiempo y con tino es capaz de transmitir con mucha mayor eficacia y expresividad el sentido de una frase. Generalmente, soy cuidadosa con el lenguaje, sobre todo cuando lo dicho queda por escrito o el estatus de la comunicación, por el aforo o la solemnidad del momento, no admitan que salgamos de los cánones ortodoxos de la expresión; pero cuando aún así hay que dar un especial impacto a aquello que se quiere transmitir, sin duda el taco hace despertar las mentes y remarcar el énfasis de lo que se está diciendo.

Y la expresión “joder, joder, joder” (repetido el taco no una, ni dos, ni cuatro, sino tres veces exactamente) es lo que me parece más apropiado para definir cómo está influyendo en mi día a día este nuevo descubrimiento que significa la “blogosfera” (reciente para mí, otros habrán llegado ya hace tiempo y se sorprenderán de que algunos tardemos tanto).

Pero esta expresión no es mía, yo la he captado de una de esas personas que influyen sobremanera en nuestras vidas (a veces en un sentido, a veces en otro), pero cada vez que se la he escuchado, he sentido que, significándola a modo de epíteto, era capaz de dar un sentido especial a la frase que acompañaba. Y me parece que lo de la “blogosfera”, joder, joder, joder, puede hacer cambiar la vida de muchas personas. Es tal herramienta de comunicación (entre culturas, países, divergencia de posturas, etc.), que permite conocer y expresar de una manera absolutamente libre sensaciones y vivencias, conectándonos como una comunidad mundial (que en tantas otras cosas se encuentra tan fragmentada por millones de fronteras).

Esto provoca un alimento constante para la imaginación, lo que te puede hacer sentir como una máquina irrefrenable de parir ideas que podrán ser compartidas (a nivel comunicativo) por un sinfín de personas que, aunque en muchos casos ni siquiera te conozcan, intercambiarán contigo aquellos sentimientos que tus ideas les produzcan, o sus formas de parecer ante lo escrito, o cualquier cosa que pueda pasar en cada momento por la mente de cada uno.

Descubrir un mundo así es todo un regalo.

Permitidme un instante de ubicuidad Lunes, Abr 28 2008 

Volviendo a casa hace un par de noches, escuchaba la radio y una de las palabras que se estaban barajando en la conversación que mantenían los tertulianos era “mestizaje”. Me vino entonces a la cabeza la necesidad de relación entre este vocablo y el “talento”, y por ello me permito abandonar en este post el hilo conductor habitual de mis textos y abordar otro distinto.

Creo tan necesario para potenciar la innovación en el mundo empresarial que se fundan estos dos conceptos para progresar en la obtención de resultados, que quisiera hacer una llamada de atención sobre este tema y a ello me dispongo.

La diversidad, el mestizaje, nos podrá proporcionar nuevas formas de hacer y de conseguir. Si nos quedamos anquilosados en una sola idea de actuación (típica postura de algunos directivos que no quieren cambiar pautas de trabajo por miedo a que su silla se tambalee), en no querer abrir la mente a cosas distintas, estaremos poniendo frenos al progreso y a nuestro propio crecimiento, por lo que abandonar nuestros cánones de actuación y abrir la mente y dejarnos impregnar con otras posturas, otras formas de analizar y actuar, nos conducirá a ese mestizaje de talentos (los que ya existen en una empresa y los nuevos que se incorporan) que nos enriquecerá de manera infinita.

Demos una oportunidad a las ideas, a otras ideas, y mezclemos los caracteres establecidos con los nuevos, para generar una mutación positiva. Evolucionemos.

Soñar algo distinto Miércoles, Abr 23 2008 

Pensar que sólo podemos soñar dormidos sería como pretender poner barreras a las esperanzas y deseos de todos los seres que aspiramos a dibujar escenas en nuestra mente para que algún día se hagan realidad.

Cuando leí “El Alquimista” de Coelho, la idea de que soñar e imaginar que los deseos podrían materializarse, tomó en mi interior aún más fuerza, y decidí que cada día, en algún momento de la fase despierta de mi cerebro, emplearía unos minutos para describir momentos, situaciones o vidas que alimentaran mi espíritu con aquello que mi corazón deseara que ocurriera.

Esta actitud ante la vida, me refiero a aquello de soñar (lo cual englobo dentro del campo de la actitud porque no es ni más ni menos que manifestar la capacidad de tener ambición por idear un mundo mejor, independientemente de la perspectiva con que cada uno afrontemos esto) es algo que ya debiera manar de nuestros poros antes de que nadie nos recuerde que está ahí y que debemos alimentarla.

Hace muchos años, era yo una niña, escribí una poesía que trataba de manifestar lo que ya ambicionaba en mi interior, y el sueño era muy bonito.

Éranse los niños en un mundo

en el que en cada puerta

hay una sonrisa.

 

Érase un mundo

en el que las flores nunca mueren,

en el que el sol y la luna

brillan juntos.

 

Érase un mundo

en el que el silencio

suena a música,

y la música es callada.

 

Fue aquél un mundo

en el que no había murallas o candados,

en el que no había relojes

y no existían segundos.

 

Allí llegaron ellos,

y decidieron construir,

rompieron todo lo que no había sido construido;

ordenaron horas para el sol

y horas para la luna.

 

Llegaron los ruidos,

y la música ya no fue silencio,

y el silencio

era ya ruido.

 

Llegaron ellos,

y el cielo ya no era azul,

pusieron una cortina gris

y los niños no podían ya

contar estrellas.

 

Alzaron torres,

oscuras y negras,

torres muy altas

para tapar las estrellas.

 

¿Necesitas ayuda con tu ortografía y tu estilo de redacción? Miércoles, Abr 23 2008 

Conseguir que todos tengamos una mayor preocupación porque nuestra forma de comunicarnos sea más correcta, tanto a efectos visuales (ortografía) como de musicalidad (estilo), está siendo uno de los hilos conductores de mi blog, como ya sabéis aquéllos que me estáis siguiendo (a los que por cierto agradezco las visitas, que van creciendo día a día).

De modo que siendo coherente con este interés que me ocupa, he pensado que una buena forma de dar apoyo a la causa es ofrecer mi ayuda en esta materia a todos aquéllos que la deseen. Por ello, si tenéis que mostrar vuestros escritos a terceros (e-mails, comunicados, informes, curriculums, etc.) y queréis dar una buena imagen no sólo en el contenido, sino también en la forma, os invito a que me los enviéis por e-mail y os los devolveré haciendo una supervisión ortográfica y de estilo de redacción. Además, se realizará una marcación de las correcciones realizadas, para que el autor tenga clara referencia de las modificaciones y de los detalles sobre los que debe prestar más atención en sus futuros escritos.

La dirección a la que podéis enviar dichos textos es: gsanchez@tecnicas-tera.es .

Esperemos que poco a poco todos vayamos mejorando en nuestras formas de expresarnos, y recuperemos así las buenas costumbres que sin duda proporcionarán una buena imagen de nosotros y que dará muestras de nuestra sensibilidad y nuestra preocupación por las cosas bien hechas.

 

Superar los miedos Miércoles, Abr 16 2008 

Enfrentarse a un papel en blanco con el ánimo de transmitir aquello que te hormiguea en el interior es sin duda una tarea que hay que afrontar con decisión y con un gran talante de superación de tus miedos.

El temor al fracaso por no ser capaz de expresar brillantemente aquello que se está perfilando en tu imaginación es una gran barrera que hace que un papel en blanco se vuelva aún más blanco y hostil.

Por ello, cuando a uno le invade la inspiración y empieza a elaborar, muchas veces a trompicones, una historia o una sucesión de frases poéticas en su cabeza, debe olvidarse de estos miedos y comenzar a plasmar todo aquello que le dicte su mente y que parece querer liberarse a toda velocidad a través de los dedos y el bolígrafo (o el medio que habitualmente uno utilice). Ya se podrán madurar las ideas más adelante y tratar de darles una forma y estilo más adecuados.

¿Has sentido muchas veces esa sensación de que necesitas desesperadamente ponerte a escribir ese torrente de ideas que se abalanzan sobre tu imaginación?

No dejemos entonces escapar los dulces momentos de la manifestación de ese impulso literario y cubramos el entorno con nuestra creatividad para la satisfacción propia y la de aquél que desee conocerla.

 

Puedes ser lo que quieras y sentir como y lo que desees Jueves, Abr 10 2008 

Lo bonito de tener imaginación y capacidad literaria para expresar aquello que ideas en tu mente es que puedes disfrutar de una manera impune de dar rienda suelta a los sentimientos de tu espíritu.

Cuando la inspiración llega, apoyada en acontecimientos vividos o ideados, decidiendo tomar la forma de personajes dulces, cómicos o aberrantes, puedes disfrutar de la más plena de las libertades, porque no serás juzgado por cometer las más tremendas barbaries (como por ejemplo el protanista de “El Perfume” de Patrick Süskind) o por llevar a cabo las mayores proezas o heroicidades (como los súper héroes de un cómic), si no por el grado de interés que seas capaz de despertar en el receptor de tu mensaje y los sentimientos que desarrolle a través de tus escritos. Ahí está la magia de esta forma de comunicación.

Puedes ser lo que quieras y redactar textos aún en contra de tus criterios (a veces irónicamente, eso dependerá del enfoque de nuestra exposición), pero será válido y atractivo, y hasta puede que una genialidad, si tu habilidad literaria llega hasta los rincones a donde tú pretendes llegar.

Hilando con mi introducción anterior en este blog, hablaba de cómo hemos perdido el interés por escribir y expresarnos correctamente en nuestra vida cotidiana. Pues bien, me permití hacer mención a ello en uno de los párrafos de mi libro “Ensayo sobre la vida que no entiendo”, planteando la reflexión que podría tener un niño en referencia a este tema.

         “Cuando expuso su idea ante los alumnos de la clase, la palabra redacción no supuso un motivo de alegría colectiva, porque todos sabían que redacción implicaba correcta ortografía, y ésa era una de las palabras más temidas por todos los estudiantes. A pesar de que estaban obligados a arrastrar “El Podadera” permanentemente en sus carteras, la maestra nunca conseguía que pasaran de mirar la primera página, porque en cuanto uno intentaba, incluso con el entusiasmo sacado de un milagro, comenzar a memorizar aquellos renglones inmundos, siempre acababa discutiendo imaginariamente con el autor, despotricando con la necesidad de escribir ventana con “v”, con lo mona que era la “b”. Y si ya, en un alarde de tremendo gasto energético se conseguía llegar a las esdrújulas, se encontraba uno con el primer problema de ser capaz de recordar aquella palabra, que más bien sonaba a rito satánico. Y claro, aquello por fuerza tenía que ser incompatible con la religión, lo mismo luego, por aprenderlo, había que ir a confesarse, y el Cura Petronio se ponía muy pesado con los arrepentimientos y los avemarías. No, lo de la ortografía no podía ser bueno para nadie, seguro que por eso era tan complicado. Camil siempre había pensado que las cosas buenas de la vida eran las cosas sencillas. En la libreta del Abuelo había leído algo sobre el Esperanto, un idioma común y fácil. Seguro que era el que hablaba el gato, pero los habitantes del pueblo seguían empecinados en las haches, las uves y las jotas, y, claro, así cómo iban a evolucionar de acuerdo con el resto del mundo.” […]

La sensación que nos quede sobre cómo siente el escritor el personaje o la situación reflejada, dependerá de cómo afrontemos la lectura de este párrafo; pero sin duda, no seremos juzgados por la barbarie de una fantasía escrita.

  

Rompo una lanza en busca de una correcta comunicación Miércoles, Abr 2 2008 

Encontrar hoy en día un texto correctamente escrito, que no haga daño a los ojos y que se comprenda con facilidad, es altamente complicado. Incluso en los periódicos podemos empezar a ver erratas de forma habitual, se está convirtiendo ya en algo tan común que llama tristemente mi atención.

Hace algunos años (no tantos, están ahí mismo), cuando las tecnologías no pasaban apenas del papel y el bolígrafo, o la máquina de escribir o, como mucho, un ordenador (pero sin editores de texto con correctores ortográficos) y una impresora, prestábamos mucha más atención a no cometer faltas, a escribir frases con sentido, etc.; en resumen, cuando nos proponíamos enviar un escrito a cualquier persona o entidad nos preocupábamos de que se transmitiera correctamente lo que intentábamos decir y que, además, las faltas de ortografía fueran las menos posibles. En el colegio cero faltas era prácticamente lo único admisible, cualquier otra cifra indicaba que no dominiabas el lenguaje y podía ser motivo de suspenso.

Pero por alguna extraña razón de la vida, todo eso ya ha pasado a la historia. He comentado esto con varias personas, porque en serio, la situación me parece patética. Ya no sólo debido a que el 95% de las personas que tienen puestos poco relevantes en las compañías (por no decir el 99%, estoy tratando de redimir a alguien aunque ahora mismo no lo tenga en la cabeza) cometen tales y tan graves atropellos contra la correcta ortografía, que eso, unido a la carencia total o de elevadas dimensiones del uso de comas y puntos, y a que muchas veces tendemos a comernos las palabras por no se sabe qué extraña razón, el cóctel final es ininteligible.

No obstante, no pretendiendo ser en absoluto clasista, pero sí pensando en que a las personas que llegan a alcanzar ciertos puestos de relevancia (tanto sociales como en organigramas de compañías) se les debería suponer (como el “honor en la mili”) una elevada calidad en materia de escritura, redacción, comunicación, etc., añado que tampoco es así para estos casos. Seguimos encontrando un porcentaje elevadísimo de personas que carecen totalmente de los conocimientos, me atrevería a decir que más minúsculos, en lo relativo a ortografía, léxico, semántica… Estoy hablando de Directores Generales, de Consejeros Delegados, etc., que mandan también e-mails ilegibles. Pongo el ejemplo de que cuando alguno de estos “harapos” literarios ha llegado a mis manos (por desgracia más a menudo de lo deseable), para poder entender y cumplir con las instrucciones que en ellos se reflejan, más de una vez he recurrido a buscar a algún compañero/directivo más familiarizado con las expresiones y formas de hablar del remitente en cuestión, para recibir las pertinentes explicaciones sobre el contenido del mensaje. En este caso hay otro problema, y es que no encuentres a quien lo entienda y por alguna u otra razón (muchas de las veces por vergüenza ajena) tampoco puedas preguntar al emisor qué es exactamente lo que está queriendo decir.

 ¿Os pasa esto también a vosotros? ¡Ójala fuera yo la única! porque eso significaría que las reglas han cambiado (como dice el anuncio) y yo soy la que no se ha enterado de qué va este nuevo sistema de comunicación y soy yo la que tiene que ponerse las pilas, pero me temo que los diccionarios han variado poco, si acaso con la incorporación de los nuevos vocablos. De modo que encontrarse (por desgracia muy comúnmente), por ejemplo, con una frase del estilo de: “Vamos haber si este mes conseguimos superar el 110% del objetivo” me chirrrrrría tanto…

 Y decía antes que en alguna ocasión este tema ha sido objeto de tertulia con amigos, y sus conclusiones eran que todo esto es producto de las prisas que vivimos. Hay que leer 100 correos al día, contestar 50, a la vez estar haciendo un montón de llamadas pendientes que han resultado de las 3 horas que hemos pasado recluídos en una reunión, etc. Y mi respuesta es, todo eso es muy cierto, no cabe duda de que las prisas no son buenas para nada y eso a veces ocasiona que no se pueda repasar un escrito para ver si una coma está bien o mal puesta, o si se ha “bailado” una letra o varias; pero si el problema fuera ése únicamente, sería altamente imposible que nos encontráramos una esdrújula sin acentuar, o, por ser alarmista, una ventana con “b”, porque tendríamos la costumbre de escribir correctamente y nuestros dedos no nos traicionarían cometiendo semejantes infamias.

Lamentablemente he visto presentaciones (los famosos “power points”) de altísimos cargos de compañías con muchos errores. Y qué mala imagen da esto. Por ello no creo que sea un problema de prisas, porque cuando se va a realizar una presentación delante de 50 personas o más, se cuida uno muy mucho de los detalles, ¡hasta de los colores! de que “peguen”… ¿Por qué no se iba uno también a cuidar de los puntos, las comas y la corrección ortográfica? Eso, lamentablemente significa, que ni se tiene conocimiento de la materia (porque a nadie le gusta hacer el ridículo, aunque tenga prisa) ni se dispone de una secretaria que lo tenga y que pueda echarnos una mano para que nuestros mensajes se trasladen de forma correcta, con pulcritud en la digamos… “estética” y eso nos lleve a la sencillez de comprensión y al rigor de nuestro gusto por las cosas bien hechas. En este momento dejo a un lado que, por supuesto, el mensaje sea interesante para el destinatario, sea real, etc.; no es ése el eje de esta exposición.

La cuestión entonces es: ¿Ya no nos importa qué imagen demos de nuestra cultura y de nuestra capacidad de establecer una comunicación correcta?