Enfrentarse a un papel en blanco con el ánimo de transmitir aquello que te hormiguea en el interior es sin duda una tarea que hay que afrontar con decisión y con un gran talante de superación de tus miedos.

El temor al fracaso por no ser capaz de expresar brillantemente aquello que se está perfilando en tu imaginación es una gran barrera que hace que un papel en blanco se vuelva aún más blanco y hostil.

Por ello, cuando a uno le invade la inspiración y empieza a elaborar, muchas veces a trompicones, una historia o una sucesión de frases poéticas en su cabeza, debe olvidarse de estos miedos y comenzar a plasmar todo aquello que le dicte su mente y que parece querer liberarse a toda velocidad a través de los dedos y el bolígrafo (o el medio que habitualmente uno utilice). Ya se podrán madurar las ideas más adelante y tratar de darles una forma y estilo más adecuados.

¿Has sentido muchas veces esa sensación de que necesitas desesperadamente ponerte a escribir ese torrente de ideas que se abalanzan sobre tu imaginación?

No dejemos entonces escapar los dulces momentos de la manifestación de ese impulso literario y cubramos el entorno con nuestra creatividad para la satisfacción propia y la de aquél que desee conocerla.