No es mi intención vestirme de gris en esta entrada, sigo con enormes ganas de sacar mi bikini al sol y estoy con todos los colores de la primavera colocada y dispuesta en la línea de salida; pero ayer mantuve una conversación con un amigo acerca de qué se podía esperar que ocurriera a nuestro alrededor cuando dejáramos este mundo y me parece un tema muy interesante sobre el que expresar mis aspiraciones.

Su respuesta era muy simple: NADA. Mi conclusión automática no fue ni más ni menos que hacerla corresponder con el pesimismo que a esta persona le seduce en numerosas ocasiones, opinión que no se conjuga en absoluto con la mía, más caracterizada por la posición contraria de optimismo y alegría que además siempre espero se mantenga asociada a mi nombre.

Cuando ya mis restos se hallen dispersos y mezclados por entre las flores, la tierra, el agua y el viento (innumerables veces he ratificado que no deseo permanecer eternamente sepultada en un rectángulo para servir de lamento a no sé qué días señalados del calendario, sino que quiero formar comunión con otras vidas a través de las partes de mi cuerpo que sean aprovechables, y las que no lo sean, se lancen incineradas a la naturaleza, a la vida que me arropó durante todo el periodo de mi existencia para que mi alma y mi esencia vuelen en eterna libertad), quisiera perdurar en el recuerdo, en las risas de la rememoración de los momentos que más intensamente viví con mi familia y con mis amigos. Aspiro a que todos aquéllos que me han conocido -y quieran participar-, compartan una fiesta de fin de curso, sin lutos ni lágrimas, repitiendo una vez más todas aquellas anécdotas y vivencias tan divertidas que vivimos juntos -como tantas veces recordamos y reímos cuando nos sentamos a conversar reunidos cualquier día de la semana. Y al final, cuando ese día ya haya terminado y se den sucesión a los siguientes días de otras mañanas o tardes, que un olor, un gesto, una palabra, hagan recordar mi imagen en la mente de las personas que estuvieron junto a mí, se les dibuje una sonrisa y mi esencia perdure de esta forma alegre y vivaz en su recuerdo.

¿Y tú, qué esperas de la vida cuando te hayas ido?