Bueno, aquí estoy, después de no sé cuánto tiempo de haber recibido este meme, contestando. Y es que, como ya he dicho en el comentario de disculpas que le he enviado a la persona que me invitó a hacerlo, soy tan novata y tan torpe en este -todo un nuevo y con fantásticas cosas por descubrir- mundo de la blogosfera, que espero que todas las calamidades que soy capaz de cometer me sean perdonadas en pos de la voluntad que pongo de aprender un poquito de todo aquello que se me ponga por delante -a veces algo más que un poquito, pero tengo que ser humilde y aceptar tantas de mis limitaciones…-

¿Qué llevo en mi bolsa o mochila? Bueno, creo que lo primero que tengo que hacer distinguir es la diferencia tan grande que, en cuanto a mi persona, existe entre uno y otro recipiente.

Por bolsa entiendo el bolso, mi bolso; y como el de una mujer que soy, puede portar hasta un elefante (ya hicieron un anuncio al respecto y, además de ser muy gracioso, era muy real, demasiado para nuestra vergüenza), y es que las chicas -creo en general- no tenemos medida en lo referente a lo que hay que llevar en un bolso, por si acaso… En fin, que procedo a enumerar y seguro que se me olvidarán cosas.

– Cartera, la cual ha multiplicado por “n” veces su volumen con respecto al que tenía en el momento de su adquisición. No por la cantidad de dinero que lleve en ella -soy de las que apuran hasta los últimos momentos eso de ir al cajero y, como dice mi madre, si me pones boca abajo poco va a caer, peor que uno que se está bañando- sino porque además de las tarjetas de crédito -ésas sí que son socorridas y valen para todo-, llevo tarjetas de visita que no guardo en el tarjetero de mi despacho porque tienen algún sentido especial, tarjetas de restaurantes que he conocido por la geografía española que me gusta llevar a mano por si tengo la oportunidad de volver así, de repente, algún autógrafo de un cantante que he visto en un bar, recomendaciones sobre cosechas de vino, fotos de amigos, de mi yegua -mi niña-, carnets de distintas federaciones -soy una chica deportista-, alguna moneda de otro país,… en fin, seguro que algo se me olvida pero os podéis hacer a la idea de todo lo que cabe ahí (que además está dentro del bolso) y que lo ha hecho expandirse tanto con el paso de los años -porque eso sí, cambiar la cartera me cuesta una barbaridad, me apego tanto a ella como a todos los recuerdos que llevo dentro.

– Llaves. De dos tipos, las del coche que son normales, nada reseñable al respecto y después, en otro manojo distinto, el resto. El resto incluye, sobre todo, un montón de colgantes alrededor de ellas, grandes colgantes que tienen principalmente, una finalidad, la de encontrarlas fácilmente por entre todo aquel maremagnun de cosas que suelen acompañarlas. Y es que hace muchos años tomé la decisión de añadir al llavero elementos diferenciadores con respecto al resto de objetos de mi bolso porque, como me resultaba tan difícil encontrarlas si no alcanzaban el volumen suficiente como para no pasar desapercibidas, siempre pensaba que se habían perdido, y eso significaba momentos de disgusto y tensión inenarrables; nada, la solución: una mano de gomaespuma algo más grande que la palma de un niño (imaginad), muy apropiada para agarrarse a ella y tirar del resto del llavero. Acompañando a esta mano, ya encontramos miniaturas de material de escalada, un ocho, un fisurero, la leva de un friend, un mosquetón, cositas que me hacen recordar muy buenos momentos vividos con un montón de amigos.

– Carterita para otras tarjetas. Como hoy en día nos fríen con las tarjetas de fidelización del supermercado, la perfumería, el corte inglés, etc., decidí que había que destinar a estos elementos una ubicación aparte, porque como ya digo, la cartera ya no acepta más.

– Vaselina, fundamental. Como me gusta tanto charlar (además de escuchar, por supuesto), y con tanto entusiasmo y pasión, tengo la sensación de que mis labios se resecan amenudo, y eso no lo puedo resistir, de modo que constantemente echo mano de este ungüento suavizante que tanto relaja la piel de mi boca. Poquísimas veces me pinto los labios, de modo que ello no es impedimento para que use la vaselina con toda la alegría que requiera el momento.

– Diferentes pinzas, pincitas y gomas de pelo. Una sale de casa con un peinado pero puede sentir la necesidad de cambiarlo con arreglo a comodidades, circunstancias, etc., nos pasa a muchas chicas…

– 2 móviles para diferentes usos. Afortunadamente, uno de ellos tiene cámara y vídeo, lo cual ahorra el porteo de estos otros aparatitos que se pueden necesitar para inmortalizar cualquier momento inesperado. Uno de los móviles lleva una cinta larguísima para poder “engancharlo” rápido, porque con tantas cosas, si es difícil de encontrar, lo más fácil es perder la llamada.

– Pastillero, para emergencias, pero todo de vida sana, nada desdeñable.

– Carpetita para llevar algún papel que vas guardando y que por no se sabe muy bien qué razón acumulas en el bolso.

– Bolígrafos, varios (porque siempre voy “pillando” alguno por los hoteles y los voy metiendo ahí por si se gasta uno, tener de repuesto) y mecheros (porque como siempre van quedándose en el “limbo de los mecheros” hay que llevar también de repuesto).

– Chicles (de menta fuerte y sin azúcar), que cuando come uno fuera son muy socorridos.

– Gafas de sol (en una caja de su correspondiente tamaño para que no se estropeen).

En fin, que si rebuscamos seguro que podemos encontrar alguna cosa más, pero esto podría ser lo imprescindible que se transfiere de bolso en bolso según el cambio de vestuario.

En cuanto a mi mochila, pues depende de lo que vaya a hacer cuando salgo al monte (últimamente no demasiado, porque me he hecho una perezosa y he cambiado la montaña por otros deportes), pero lo que sí tengo claro es que el peso, lo mínimo imprescindible, con lo que mido muy bien, no sólo la actividad a realizar, sino la duración del pateo previo a lo que vayamos a hacer.

– Nunca falta agua, puede que la cantidad de comida sea escasa, pero el agua es fundamental en mi vida y no puedo adentrarme en ninguna actividad sin llevar lo que yo crea, al menos, como cantidad suficiente.

– Manta térmica, la funda de vivac sólo para cuando hacía cosas especiales. Últimamente no se da el caso.

– Aperos de escalada (que son un montón, no voy a enumerarlos) en función del tipo que se pretenda realizar, si ésa es la actividad que se va a realizar. En otro caso, el material de esquí, de descenso de barrancos, lo que sea.

– Si hay que pasar la noche: saco y colchoneta.

– La comida y el material para cocinarla cuando la salida es de fin de semana o superior.

– Repuesto de ropa.

La conclusión, una colección de oportunidades al alcance de lo que eres capaz de llevar contigo.

En cuanto a los blogs que recomiendo son:

Artenara

El valor de ser sensible

Lampuzo

Marcial Candioti

Soul Club

Plano Creativo

Mundo Demente

Y seguro que me estoy olvidando de alguno que leo habitualmente pero que en este momento no tengo en la cabeza, espero sepáis disculparme.

Seguiremos viéndonos en el camino, con nuestras mochilas dispuestas para emprender la ruta que nos proponga la vida.