Vivimos en un mundo envuelto en guerras, violencia, crisis, y es difícil encontrar en estos espacios oscuros personas que tengan la osadía de revelar las sensaciones y reflexiones más íntimas que dejan al descubierto la sensibilidad que uno lleva por dentro. Sales al mundo, miras a tu alrededor, y lo fácil es encontrar caras asépticas, frases vacías -que sólo a veces se desperezan entre una tenue sonrisa.

Parece que el acercamiento al auténtico espíritu de las personas, la apelación a los hitos que nos hacen vibrar o el dar un atisbo de lo que uno es capaz de sentir, está pasado de moda. Nos conformamos en la mayoría de las ocasiones con mantener conversaciones de medio punto, con emular un aspecto recio y con evitar rozar el corazón de aquéllos que confluyen hacia nuestros espacios vitales porque un “te quiero” puede perturbar la dimensión de fortaleza, y hasta de modernidad, que nuestros congéneres puedan percibir de nosotros.

Mira a tu alrededor, y busca las personas, los momentos con lo que -fuera de la intimidad de una pareja- te atreves a dar rienda suelta a tu corazón y te sientes liberado de la presión que la sociedad en la que hoy estamos sumergidos ejerce sobre tus palabras y la capacidad de expresarte. Todos sentimos, todos somos susceptibles de expresar, con mayor o menor grado de dulzura, lo que despierta en nosotros aquello que estamos viviendo cuando compartimos estados de emoción, de enamoramiento o, simplemente, lo que nos sugiere el contacto con los demás; pero tener la valentía, la actitud de reflejar en un escrito o en el aire lo que de verdad corre por nuestras venas, casi sin filtrarlo por la barrera del cerebro, del control, y exponerlo sin tapujos o sin temor a qué pueden pensar de ti los profanos que se esconden en las frases inocuas, es alimentar, es hacer crecer la certeza de que aún quedan rincones de ilusión y de transparencia dispuestos a darse a compartir con la generosidad del que sólo espera hacer brotar la esperanza y el amor hacia lo que te rodea.

Tener el valor de ser sensible es no tener miedo a vivir, a sentir o a que los demás puedan escudriñar en tus cabilaciones, en lo que puedan descubrir a través de los intersticios que se abren en tu corazón cuando te expresas.

Dani, enhorabuena por tu premio y, sobre todo, por lo que despiertas en los demás cuando compartes tus reflexiones.