A propósito de los regalos incomprendidos, mi anterior post, me gustaría añadir que uno de ellos, digno de una mención especial, es el tiempo.

El tiempo siempre pone las cosas en su sitio. A veces quisiéramos que los acontecimientos llegaran con mayor agilidad, pero puede ser tarea de años tener la oportunidad de ratificar esta frase. Es difícil en estas ocasiones mantener la paciencia porque la desazón que hayan podido producir los agravios recibidos pueden desestabilizar nuestras convicciones, nuestros criterios acerca de cómo deben ser las cosas bien hechas, pero la espera, finalmente, merecerá la pena.

No decaigamos, ni sucumbamos a la tentación de intentar precipitar las cosas faltando a nuestros principios o a la firmeza de nuestras actuaciones en la materialización de las pautas que nuestra mente y nuestro corazón marquen. No decaigamos porque la realidad acabará siendo como nosotros esperamos que sea y llegará con la confirmación de la justicia y de la verdad.

Pueden pasar años, pero el tiempo siempre pone las cosas en su sitio.

Y tú, ¿hace mucho que esperas?