El precio a pagar en las distintas facetas de la vida puede resultar muy caro en ocasiones. Últimamente, con tantas situaciones tan desmoralizantes para todos los colectivos: la crisis, la subida del petróleo, el aumento del paro, la bajada de las acciones, los tipos de interés… -Dios mío, qué lista tan larga de contraindicaciones, ¡y lo que aún podría aumentarla! Y si nos ponemos a hablar de fracasos sentimentales, seguro que también todos tenemos un pequeña (o gran) colección a nuestras espaldas.

Cuántas veces nos dan ganas de tirar la toalla, mandar todo al traste y enquistarnos en nosotros mismos y cerrar a cal y canto nuestra puerta al mundo. Pero no olvidemos que siempre, cuando la inmersión en el abismo pueda parecer inminente, aparecerá una ramita donde agarrarse. Y hay que agarrarse fuerte, porque aunque la ramita, en inicio, pueda parecer endeble, a partir de ella podremos construir de nuevo unas raices sólidas que harán medrar nuevos sueños, nuevas formas de aferrarse a la vida y a sus múltiples encantos, aquéllos que, cuando nos vemos cegados por la negatividad de nuestro entorno, puedan resultarnos ocultos e incluso desaparecidos.

El precio a veces puede resultar muy caro, pero es magnífico renacer de nuestras propias cenizas, porque al instante nos sentiremos más fuertes, más vivos, con más ganas de correr hacia el mundo y decir ¡aquí estoy! Y con mayor firmeza que en etapas anteriores, porque estaremos convencidos de poder superar lo que se nos ponga por delante.

El precio puede resultar muy caro, pero yo, ¡COMPRO!