¿Qué estamos aportando a nuestro entorno? Probablemente muchos de nosotros no estemos en disposición de plantear soluciones que mermen la crisis, los datos numéricos que en su crecimiento o decrecimiento tan devastadoramente están afectando a la sociedad, etc.; pero seguramente que haya algo que sí podamos hacer. Podemos generar riqueza a nuestra vida y a toda aquella área que podamos llegar a acariciar con nuestro aliento. Sí, podemos generar riqueza con positivismo, voluntad abierta a la construcción de entornos alegres, animosidad para restar importancia a los asuntos que realmente no la tienen y que tanto entretienen a quienes parece que no tengan otra cosa que hacer en la vida más que buscarle tres pies al gato.

Sí, podemos generar riqueza porque podemos tratar de hacer las cosas más fáciles, más sencillas para aquéllos que pasan dificultades anímicas, dificultades en la construcción de esperanzas y de sueños, dificultades en despegarse de aquellos clavos ardiendo que, en lugar de reflotar el gusto por la vida, ahogan en el olor chamuscado de nuestros dedos ardiendo.

Por muy mal que estén las cosas en nuestra propia existencia o alrededor de los acontecimientos que nos abruman, siempre deberíamos encontrar un hueco, un momento para poner una sonrisa al paisaje, a nuestros amigos, e incluso a aquéllos que se comportan como nuestros ememigos, porque seguramente estos pobres tengan bastante con el odio que arrastran y la sinrazón que mueve sus vidas, como para que no les dediquemos ni una triste plegaria que les ayude a reconducir sus actos y su predisposición, y así conseguir abandonar las inclinaciones que les conducen a esos momentos de enemistad. Sí, también podemos generar riqueza para ellos, para ayudarles a que se suban al barco de la alegría y consigan un día u otro arribar a un puerto que luzca un faro brillante y alentador que corrija el rumbo de su deriva.

Generar riqueza no es sólo hacer crecer las arcas económicas, generar riqueza es estar ahí, al pie del cañón, para dar aliento y tender una mano de cariño a nosotros mismos y a todos aquéllos a los que podemos llegar. Si al final de cada día, en nuestra cuenta del debe y el haber conseguimos algún dato positivo -sea cual sea-, seguramente habremos generado algún que otro gramito de riqueza que nuble la mediocridad y la páralisis de quienes no quieren acogerse a esta terapia.