Poder afirmar que los deseos se cumplen significa haber tenido la ilusión de perfilar escenarios en tu imaginación, haber esperado pacientemente a que todas esas ideas se plasmaran en una realidad que muchas veces nos pudiera parecer absolutamente distante e inalcanzable y, por fin, haber despertado un día con aquel regalo entre nuestras manos.

En muchas ocasiones llega uno a pensar que los sueños son imposibles, que son falacias de nuestras pretensiones, embaucadas por multitudes de imágenes sacadas de las películas, de canciones o de novelas inventadas que parecen relatar aquello que deseamos y que pintamos en un destino imaginario que nunca podrá llegar a adoptar una forma real.

No es así. Recordando aquella frase del libro de Coelho que subraya que cuando alguien desea algo fervientemente todas las fuerzas de la naturaleza se alían para que ese sueño se cumpla, en la trayectoria de nuestra vida pueden pasar años, décadas, hasta que estemos en disposición de afirmar que nada se interpone al cumplimiento de un sueño, pero esto llegará. Tenemos un ejemplo cercanísimo delante de nuestra incredulidad, a sólo 200 años de un periodo de esclavitud aberrante, hoy se sienta en la Casa Blanca un Presidente negro, ¿no parece esto una cuestión imposible a tan escasas generaciones de humillación y desprecio por el color de esta piel? Es sin duda el resultado de un sueño.

La vida nos presta atención, toda la atención que seamos capaces de atraer con nuestras demandas -deseos- y con la orientación de nuestras acciones y comportamientos hacia conseguir ese ideal por el que suspiramos cada día. La vida va a propiciar que disfrutemos de eso que ansiamos, en un momento u otro, y por ello siempre hay que tener en cuenta dos aspectos: tener cuidado con lo que se desea y tener la convicción de que llegaremos a saborearlo.

¿Cuántos sueños has visto ya cumplidos?