Tengo un montón de nombres anotados en el camino, una ristra de letras conexas desfiguradas ya por el tiempo, el calor o la nieve.

Tengo una casa, un jardín, un coche, una yegua en la memoria. Tengo una cuenta vacía y los bolsillos llenos de tantos recuerdos, que podría plenar las vidas de un ejército de oyentes.

Tengo tantas cosas en mi vida y tanta sed de vivir…

Tengo un montón de nombres. Algunos de ellos con cerebros brillantes a los que luego Dios olvidó apellidar con un corazón, otros con ortigas en las entrañas que no debería haber tocado para no sufrir urticarias transitorias que luego acabarían borrándose de la piel.

Tengo toda una vida que contar y mucho más por vivir. Tengo los recuerdos de la primera vez que vi la carita de mi sobrina recién nacida, con aquellos labios tan perfilados y curvos en un gesto facial de inmensa dulzura. Tengo los recuerdos de la primera cima escalada, con las fotos de mis amigos, de los que siempre están ahí. Tengo los momentos vividos entre tantas risas y tantos secretos compartidos…

Tengo tanto con qué soñar y tanto en el devenir, que ninguna piedra podrá tapar la alegría de existir.