Constantes vitales Viernes, Nov 26 2010 

Mantener las constantes vitales no significa conformarse con lo que me ha tocado vivir.

Mantener las constantes vitales no significa aceptar que la vida siga pasando y esperar a ver qué ocurre al día siguiente.

Mantener las constantes vitales no significa creer que las cosas son así porque el mundo/la vida es así.

Con estos pensamientos morimos cada día, agotamos el tiempo que nos queda aceptando que el entorno es el que marca nuestros caminos, nuestro devenir.

Mantener las constantes vitales es ilusionarse cada día pensando en mejores maneras de arrancar pedacitos de felicidad a la vida. Es tomar resuello contra las inclemencias, apretar los dientes y decidir que yo soy capaz de conseguir algo mejor o de superar los malos momentos.

Mantener las constantes vitales es aspirar a superar las expectativas de nuestros sueños e ilusiones, conseguir sonreír a la adversidad y creer que yo puedo.

Mantener las constantes vitales es no dormirse en el tiempo. Es despertarse para poder seguir escuchando que el corazón late, y lo hace con tanta fuerza, que ninguna monotoneidad o desesperanza podrá ahogarlo.

Mantengamos siempre bien altas las constantes vitales y cada día será un regalo.

Los besos que nos debemos Miércoles, Jun 23 2010 

                            Te acercas a mí

                             y mis ojos te anhelan,

                             te miro y entretengo en tus pupilas

                             el deseo de tu olor.

                              Te acercas a mí

                             y mi piel, tan seca,

                            derrocha dulzura

                            al mero tacto de tu amor.

 

                            Hago la lista

                            de los besos que nos debemos,

                            y no termino de puntear nunca

                            el comienzo de un renglón.

                            Hago la lista,

                            y a pesar de que borramos,

                            y borramos,

                            con suspiros y tanto amor,

                            nos quedamos siempre cortos,

                            nos miramos queriendo más los dos;

                            y así deseamos sentir,

                            y tocar, y querer,

                            y volver a nacer o retomar lo inacabado,

                            tachando los renglones

                            de los besos que nos debemos,

                            tachando los renglones

                           de los besos que guardamos.

 

                            Y a lo largo de las horas y el tiempo,

                            el placer amainamos,

                            velando un suspiro

                            hasta acabar el día, y la noche,

                            y tu aliento, mi niño, con un beso, callo.

 

                                                             Gema Sánchez García

Quiérete mucho Martes, Mar 23 2010 

Nosotros somos los únicos responsables de nuestra vida, de nuestra felicidad, de nuestro progresar hacia adelante.

Creerse que superar los escollos del camino es un ejercicio que únicamente atañe a nuestros pies, a nuestra voluntad, a nuestro esfuerzo, es la pieza fundamental que ha de mover los engranajes de nuestro cerebro; y sólo así podremos seguir escalando los peldaños de la vida.

A veces la tarea más fácil es descargar nuestras miserias en las espaldas de lo ajeno, pero es un mero acto de vandalismo contra nuestro propio cuerpo y mente. A veces es difícil, muy difícil, mirarse al espejo y decir: “¡Pero qué guap@ soy y qué bien me siento! ¡Hoy me voy a comer el mundo porque no hay nada ni nadie que pueda conmigo!”, pero es necesario.

Y es necesario si de verdad nos queremos a nosotros mismos, a nuestra pasión por la vida y a nuestro espíritu.

Cuando terminé de escribir mi libro -Ensayo sobre la vida que no entiendo-, decidí editar 2 copias en papel, impreso como son realmente los libros que trascienden (con la esperanza de que algún día esa edición se vea reflejada en múltiples ejemplares, claro, pero hasta la fecha he de decir que sólo está en eso, en mi esperanza), pues bien, una copia fue un regalo para mi madre y la otra era para mí, especialmente para mí, por mi tesón y mi cariño hacia aquella obra que había nacido del resultado de muchas reflexiones y mucho esfuerzo. Y un amigo me preguntó si iba a dedicármelo, a lo que respondí: “¡Por supuesto!”

Y ¿qué pondrás? -quiso averiguar.

“A mí misma, por lo mucho que me quiero.” ¿Qué, si no?

Tener razón Martes, Mar 9 2010 

Eso de tener razón, tiene su miga. Todo el mundo pretende estar en posesión de la verdad, además, de la “absoluta”, nada de andarse con medias tintas! Es una cuestión de política, de amistad, de amor, de familia,… nos pasamos el día batallando por tener razón.

Muchas veces se da uno cuenta de que en ese deseo desenfrenado de quedar por encima “como el aceite”, ni siquiera nos paramos a escuchar (y digo escuchar, no oír) lo que nos cuenta/argumenta el de enfrente, y es una pena, porque hay tanto que aprender en las posturas y visiones de los demás… Aun cuando pudiéramos demostrar a ciencia cierta, incluso matemáticamente, que el otro se equivoca, siempre hay tanto que aprender escuchando.

Nacemos reclamando nuestros derechos y nuestras verdades con tanta desmedida (tengo hambre: tienes que alimentarme, tengo sueño: ponme a dormir), que cuando crecemos seguimos aumentando nuestros egoísmos y minorando nuestra capacidad de escuchar o de ponernos en el pellejo de aquello que está más allá del centímetro que bordea nuestro círculo de existencia.

No olvidemos que a veces, en nuestra obsesión por ganar la “batalla”, llegamos incluso a cuestionar las sensaciones del prójimo, ¡qué osadía! ¡Si cada uno tiene las suyas!

¿Reflexionamos de veras sobre las palabras oídas aunque estemos convencidos de que tenemos razón? ¿Las escuchamos con el mismo cariño y espíritu que nos escuchamos a nosotros mismos?

Con los bolsillos llenos Miércoles, Feb 17 2010 

Tengo un montón de nombres anotados en el camino, una ristra de letras conexas desfiguradas ya por el tiempo, el calor o la nieve.

Tengo una casa, un jardín, un coche, una yegua en la memoria. Tengo una cuenta vacía y los bolsillos llenos de tantos recuerdos, que podría plenar las vidas de un ejército de oyentes.

Tengo tantas cosas en mi vida y tanta sed de vivir…

Tengo un montón de nombres. Algunos de ellos con cerebros brillantes a los que luego Dios olvidó apellidar con un corazón, otros con ortigas en las entrañas que no debería haber tocado para no sufrir urticarias transitorias que luego acabarían borrándose de la piel.

Tengo toda una vida que contar y mucho más por vivir. Tengo los recuerdos de la primera vez que vi la carita de mi sobrina recién nacida, con aquellos labios tan perfilados y curvos en un gesto facial de inmensa dulzura. Tengo los recuerdos de la primera cima escalada, con las fotos de mis amigos, de los que siempre están ahí. Tengo los momentos vividos entre tantas risas y tantos secretos compartidos…

Tengo tanto con qué soñar y tanto en el devenir, que ninguna piedra podrá tapar la alegría de existir.

Te quise un minuto Viernes, Jun 26 2009 

                                                 Te quise un minuto

                                                 e incluso tuve tiempo

                                                 de canturrear para ti

                                                 una canción aquella tarde.

 

                                                 Te quise un minuto

                                                 e imaginé cielos y brillos

                                                 pintados en el alma

                                                 con tu voz.

 

                                                 Te quise un minuto

                                                 y me pareció eterna

                                                 la sensación de felicidad

                                                 por sólo aquel instante.

 

                                                 Fue sólo un minuto,

                                                 pero aún cuando ahora

                                                 paso a tu lado y no te veo,

                                                 porque ya no me importa

                                                 no mirarte,

                                                 recuerdo el placer

                                                 de haber tenido

                                                 un minuto para amarte.

http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&videoid=41571695&searchid=6c158ad1-223d-46a7-a357-bec772b966f8

Reseña: El vídeo de youtube no permite ser incluído en el blog, y como creo que realmente merece la pena oír la canción, he copiado el link a myspace para que podáis disfrutar del tema.

Homenaje a un árbol caído Martes, May 5 2009 

Se entristece el alma cuando, habiendo observado con cautivación, incluso podido relajarte sobre su corteza, uno contempla la imagen caída, desastrada, de un árbol que hasta el momento había sido fuerte y recio.

Se pregunta uno dónde va a poder dormir o descansar a partir de aquella visión cuando necesite cobijarse bajo la apacible letanía de sus hojas o el cálido acogimiento de sus sombras; se pregunta uno por qué aquello que ha cuidado con tanto esmero, aquello a lo que ha dedicado  tantos esfuerzos o aquello que ha colmado con tanto cariño, ahora queda reducido a polvo, o a trozos punzantes que ya no ofrecen ningún confort.

Pues es en ese momento donde uno tiene oportunidad de plantearse si aún quedará algún resquicio de verdor en su savia, alguna posibilidad de renacer al esplendor que en su día tuvo. Es en ese momento cuando se tiene la posibilidad de alimentar las células muertas y perfilar esperanzas sobre la capacidad que cada uno tenemos de reconstruir, de hacer florecer algo que pueda parecer perdido.

Quizá sean necesarios muchos años para que aquella imagen vuelva a alcanzar toda su realeza, quizá ni siquiera puedas volver a disfrutar en tu vida de aquella sensación que te hizo sonreír y comprender tantas cosas imposibles, pero no será un trabajo en vano aunque sean otros quienes gocen con el disfrute, porque aparecerán otros árboles en tu camino que, probablemente, hayan germinado gracias al esfuerzo y cariño de quienes tú ni siquiera has conocido.

Debemos ser merecedores de nuevas oportunidades y debemos propiciar que otros las tengan. Busquemos siempre un lugar donde dormir tranquilos al amparo de nuestros propios sueños.

¿Dónde se encuentra la inocencia? Miércoles, Mar 4 2009 

Inquietante reflexión cuando uno se cuestiona cómo responder a esta pregunta. Por un lado, podríamos dar como respuesta la no culpabilidad ante un acto cometido; por otro, la ausencia de conocimiento de cualquier pecado o falta que pueda ejecutarse.

Podemos pensar que nacemos inocentes (mucho he reflexionado sobre ello y, como consecuencia de estos análisis, se esculpió en mi mente ese \”Ensayo sobre la vida que no entiendo\” que cito en varios de mis posts y sobre el que aprovecho la ocasión para agredecer el interés demostrado a todos aquéllos que me lo han solicitado y que lo han leído, espero sinceramente que hayan disfrutado tanto con él como yo escribiéndolo). Decía que una de las acepciones es que podemos pensar que nacemos inocentes, y ojalá nos mantuviéramos así en toda la trayectoria de nuestras vidas; esa ausencia de malicia nos haría tomar siempre decisiones justas, para nosotros mismos y para todos aquéllos que nos rodean o se cruzan en nuestros caminos, decisiones coherentes con nuestra vida y con la ajena, decisiones intachables que ninguna malicia o hipocresía -porque estaría ausente- podría emponzoñar o revocar.

Y si nos acogemos a la acepción de la no culpabilidad porque se están juzgando nuestros actos, nuestras formas de pensar o nuestras expresiones -salvo en casos “sangrantes” que actúen contra natura-, siempre podremos acuñar el conocido refrán:  “para gustos hay colores” y, si estamos en disposición de aportar coherencia y carencia de hipocresía o mala intención que avale o acredite el comportamiento expuesto, podremos sentirnos orgullosos de nosotros mismos o, en su defecto, pedir disculpas a quien corresponda (que no deja de ser una actividad sanísima que engrandece el espíritu y fortalece nuestra autoconfianza) y tratar de enmendarse para no volver a caer en el mismo error.

Pero la inocencia también implica presuponer la inocencia del contrario (porque aludiendo a otro conocido refrán: “cree el ladrón que todos son de su condición”,  algunos amargados o terriblemente recelosos intentan amenudo adjetivar tu persona con falsas afirmaciones que les hacen sentirse algo menos mezquinos ) y se siente uno tan tremendamente satisfecho cuando siempre trata de buscar los aspectos positivos de la vida y de las cosas, las buenas intenciones del prójimo -aunque a veces no todos seamos capaces de comprenderlas- y tan feliz al pensar que a la vida siempre hay que ponerle una sonrisa, que al final del día, con semejante actitud, se congratula uno con absoluta afirmación por haberlo vivido y con ganas de volver a levantarse para disfrutar del tiempo que nos espera bajo cada rayo de sol.

¿Y tú? ¿Te sientes feliz al final del día?

Los sueños hechos realidad Miércoles, Nov 5 2008 

Poder afirmar que los deseos se cumplen significa haber tenido la ilusión de perfilar escenarios en tu imaginación, haber esperado pacientemente a que todas esas ideas se plasmaran en una realidad que muchas veces nos pudiera parecer absolutamente distante e inalcanzable y, por fin, haber despertado un día con aquel regalo entre nuestras manos.

En muchas ocasiones llega uno a pensar que los sueños son imposibles, que son falacias de nuestras pretensiones, embaucadas por multitudes de imágenes sacadas de las películas, de canciones o de novelas inventadas que parecen relatar aquello que deseamos y que pintamos en un destino imaginario que nunca podrá llegar a adoptar una forma real.

No es así. Recordando aquella frase del libro de Coelho que subraya que cuando alguien desea algo fervientemente todas las fuerzas de la naturaleza se alían para que ese sueño se cumpla, en la trayectoria de nuestra vida pueden pasar años, décadas, hasta que estemos en disposición de afirmar que nada se interpone al cumplimiento de un sueño, pero esto llegará. Tenemos un ejemplo cercanísimo delante de nuestra incredulidad, a sólo 200 años de un periodo de esclavitud aberrante, hoy se sienta en la Casa Blanca un Presidente negro, ¿no parece esto una cuestión imposible a tan escasas generaciones de humillación y desprecio por el color de esta piel? Es sin duda el resultado de un sueño.

La vida nos presta atención, toda la atención que seamos capaces de atraer con nuestras demandas -deseos- y con la orientación de nuestras acciones y comportamientos hacia conseguir ese ideal por el que suspiramos cada día. La vida va a propiciar que disfrutemos de eso que ansiamos, en un momento u otro, y por ello siempre hay que tener en cuenta dos aspectos: tener cuidado con lo que se desea y tener la convicción de que llegaremos a saborearlo.

¿Cuántos sueños has visto ya cumplidos?

Ya no estás ahí Miércoles, Oct 22 2008 

Te robo lo que no cogiste,

te quito lo que no aceptaste,

te dejo sin la flor

que no te atreviste a oler

y sin las manos

que no quisiste quedarte.

 

Te retiro mis canciones

y ya apenas puedo recordar

aquel arco iris

que nunca pintamos juntos.

 

Miro hacia otro lado

y siento ese calor y esa ternura

que no quisiste darme,

y sé que ya no tienes

nada de mí.

 

Ya no te pertenecen

mis sueños, mis lágrimas,

mis risas, mi calor.

Ya no tienes nada de mí,

salvo una esquela,

escondida en un armario

que reseña

un amor desatendido, perdido,

que algún día añorarás.

 

Y si en alguna curva te preguntas

qué pasó con nuestras miradas,

al salir de ella comprenderás

que aún después de todo,

nunca hiciste nada.

 

Me quedo con lo que te dí,

y si no tenerte era un castigo,

ahora que renazco

voy a vivir y sentir de veras

todo aquello no vivido.

 

              Gema Sánchez García

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