Los besos que nos debemos Miércoles, Jun 23 2010 

                            Te acercas a mí

                             y mis ojos te anhelan,

                             te miro y entretengo en tus pupilas

                             el deseo de tu olor.

                              Te acercas a mí

                             y mi piel, tan seca,

                            derrocha dulzura

                            al mero tacto de tu amor.

 

                            Hago la lista

                            de los besos que nos debemos,

                            y no termino de puntear nunca

                            el comienzo de un renglón.

                            Hago la lista,

                            y a pesar de que borramos,

                            y borramos,

                            con suspiros y tanto amor,

                            nos quedamos siempre cortos,

                            nos miramos queriendo más los dos;

                            y así deseamos sentir,

                            y tocar, y querer,

                            y volver a nacer o retomar lo inacabado,

                            tachando los renglones

                            de los besos que nos debemos,

                            tachando los renglones

                           de los besos que guardamos.

 

                            Y a lo largo de las horas y el tiempo,

                            el placer amainamos,

                            velando un suspiro

                            hasta acabar el día, y la noche,

                            y tu aliento, mi niño, con un beso, callo.

 

                                                             Gema Sánchez García

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Ya no estás ahí Miércoles, Oct 22 2008 

Te robo lo que no cogiste,

te quito lo que no aceptaste,

te dejo sin la flor

que no te atreviste a oler

y sin las manos

que no quisiste quedarte.

 

Te retiro mis canciones

y ya apenas puedo recordar

aquel arco iris

que nunca pintamos juntos.

 

Miro hacia otro lado

y siento ese calor y esa ternura

que no quisiste darme,

y sé que ya no tienes

nada de mí.

 

Ya no te pertenecen

mis sueños, mis lágrimas,

mis risas, mi calor.

Ya no tienes nada de mí,

salvo una esquela,

escondida en un armario

que reseña

un amor desatendido, perdido,

que algún día añorarás.

 

Y si en alguna curva te preguntas

qué pasó con nuestras miradas,

al salir de ella comprenderás

que aún después de todo,

nunca hiciste nada.

 

Me quedo con lo que te dí,

y si no tenerte era un castigo,

ahora que renazco

voy a vivir y sentir de veras

todo aquello no vivido.

 

              Gema Sánchez García

Me pregunto qué serás… Jueves, Ago 28 2008 

Me pregunto si echarás de menos

las sonrisas de mis labios,

la alegría de mis sueños,

las caricias de mi voz.

 

Me pregunto si dibujarás

en algún momento

los instantes no vividos,

la dulzura de los días

dormidos sobre nuestra piel.

Me pregunto si podrás despertar

enmudeciendo esta melodía

que trona tupida de color.

 

Me pregunto si escribirás

mi nombre en el vaho

de algún cristal,

si cerrarás los ojos

al percibir el aroma

que te evocará una flor.

Me pregunto si podrás repetir

alguna vez una palabra

que, ahogada en el corazón,

emule impacientemente los cantos

del sonido de mi voz.

 

Me pregunto si yo podré

volver a escuchar en algún lugar,

sobre el arco iris,

sin que me tiemble el corazón.

 

                        Gema Sánchez García

Tienes de mí Jueves, Jul 31 2008 

                 Tienes en mis manos

                 la inocencia de todas las flores,

                 el aroma de los caminos

                 recorridos en millones de segundos,

                 el rocío de las olas refrescando

                 las líneas de mi piel.

 

                 Tienes en mis ojos

                 a la niña que acude

                 impaciente a la llamada

                 de los colores, de la alegría,

                 de tantos despertares cálidos

                 entre las sábanas

                 de mi corazón.

 

                 Tienes en mi alma

                 la pureza de los cantos,

                 las notas hiladas con el jugo

                de mis sueños, de mis atardeceres,

                de la vida que narrarán

                los juglares de mis épicas.

 

               Tienes todo lo que dejé

               de ser en las glaciaciones oscuras

               de los momentos perdidos.

               Tienes de mí

               todo lo que podré ser.

     

                                  Gema Sánchez García

Tiene que ver contigo Miércoles, Jul 2 2008 

Tiene que ver contigo, tiene que ver con la vida, con un amigo, con el corazón, con el trabajo y con la gente. Tiene que ver con el mundo, con las sensaciones, con la alegría de vivir y quizá incluso tenga que ver con la muerte. No es por nada especial y es por todo, es porque quiero expresar que aún voy a quererte, y si tengo que pensar mal, me liberaré de aquello por lo que cuando mientes, desprecias mi cariño, pero yo seguiré ahí, siempre.

Dos veces creí que la tierra

era redonda, y me equivoqué.

Dos veces pensé que el mundo

era azul, y otra vez me equivoqué.

 

Dos veces coloqué una flor

en mi palma, y la flor murió,

qué triste comprobar

que una vez más, me equivoqué.

 

Pero volveré a creer

que la tierra es redonda,

volveré a sentir el azul

del mundo acariciar mi ser,

volveré a pensar que si pongo

una semilla en mi mano,

con mi ternura y con mi amor,

la flor llegará a crecer.

 

Plagiar un título por enaltecer un sentimiento: “El valor de ser sensible” Jueves, Jun 26 2008 

Vivimos en un mundo envuelto en guerras, violencia, crisis, y es difícil encontrar en estos espacios oscuros personas que tengan la osadía de revelar las sensaciones y reflexiones más íntimas que dejan al descubierto la sensibilidad que uno lleva por dentro. Sales al mundo, miras a tu alrededor, y lo fácil es encontrar caras asépticas, frases vacías -que sólo a veces se desperezan entre una tenue sonrisa.

Parece que el acercamiento al auténtico espíritu de las personas, la apelación a los hitos que nos hacen vibrar o el dar un atisbo de lo que uno es capaz de sentir, está pasado de moda. Nos conformamos en la mayoría de las ocasiones con mantener conversaciones de medio punto, con emular un aspecto recio y con evitar rozar el corazón de aquéllos que confluyen hacia nuestros espacios vitales porque un “te quiero” puede perturbar la dimensión de fortaleza, y hasta de modernidad, que nuestros congéneres puedan percibir de nosotros.

Mira a tu alrededor, y busca las personas, los momentos con lo que -fuera de la intimidad de una pareja- te atreves a dar rienda suelta a tu corazón y te sientes liberado de la presión que la sociedad en la que hoy estamos sumergidos ejerce sobre tus palabras y la capacidad de expresarte. Todos sentimos, todos somos susceptibles de expresar, con mayor o menor grado de dulzura, lo que despierta en nosotros aquello que estamos viviendo cuando compartimos estados de emoción, de enamoramiento o, simplemente, lo que nos sugiere el contacto con los demás; pero tener la valentía, la actitud de reflejar en un escrito o en el aire lo que de verdad corre por nuestras venas, casi sin filtrarlo por la barrera del cerebro, del control, y exponerlo sin tapujos o sin temor a qué pueden pensar de ti los profanos que se esconden en las frases inocuas, es alimentar, es hacer crecer la certeza de que aún quedan rincones de ilusión y de transparencia dispuestos a darse a compartir con la generosidad del que sólo espera hacer brotar la esperanza y el amor hacia lo que te rodea.

Tener el valor de ser sensible es no tener miedo a vivir, a sentir o a que los demás puedan escudriñar en tus cabilaciones, en lo que puedan descubrir a través de los intersticios que se abren en tu corazón cuando te expresas.

Dani, enhorabuena por tu premio y, sobre todo, por lo que despiertas en los demás cuando compartes tus reflexiones.

Ensayo sobre la vida que no entiendo Martes, Jun 17 2008 

Portada libroSinopsis        

  SINOPSIS

 La vida es difícil para los adultos porque muchas veces nuestro enfoque está determinado por un cúmulo de prejuicios, búsqueda de dobleces o maquinaciones fantasmagóricas (comúnmente auspiciadas por el aburrimiento que en determinados momentos pueda embargar nuestras vidas).

Pero un niño aún no ha sido contaminado por la madurez irascible o maquiavélica de la sociedad que le rodea, y nos puede dar una visión transparente y dulce de todo aquello que se desarrolla en su entorno y que pasa por su lado sin minar la candidez que aún campa en su espíritu.

Divertido y satírico, este ensayo trata de reflexionar sobre los comportamientos adultos que han perdido el norte de la paz interior.

                                                             *  *  *  *  *

 Como habéis ido viendo en mi blog, en algunas entradas e incluido extractos de capítulos de mi “Ensayo sobre la vida que no entiendo” asociados a las reflexiones, pensamientos, etc. que en ellas he expresado. No obstante, seguramente a algunos de vosotros os surja la inquietud de leerlo en su totalidad (ejercicio aconsejable porque sin duda pasaréis un rato divertido compartiendo las experiencias de Camil, el protagonista), por lo que me he decidido a publicar este post con la intención de que todo aquél que desee recibirlo (en formato .pdf) pueda solicitármelo por e-mail (ya sabéis: gsanchez@tecnicas-tera.es) y muy gustosamente compartiré mis reflexiones y mi imaginación con quien quiera leerlo.

Sobre todo me gustaría que a través de este blog me hagáis llegar vuestros comentarios, las sensaciones que os pueda haber provocado su lectura, las críticas, todo lo que queráis expresar.

Y por último, si además alguno quiere hacer alguna donación al respecto (ya sabéis que ahora esto está muy de moda con las publicaciones en la red), sólo tiene que pedirme en el correo electrónico mi número de cuenta y estaré encantada de facilitárselo!  

 

Cuando me vaya, aún esperaré algo de la vida Martes, Jun 17 2008 

No es mi intención vestirme de gris en esta entrada, sigo con enormes ganas de sacar mi bikini al sol y estoy con todos los colores de la primavera colocada y dispuesta en la línea de salida; pero ayer mantuve una conversación con un amigo acerca de qué se podía esperar que ocurriera a nuestro alrededor cuando dejáramos este mundo y me parece un tema muy interesante sobre el que expresar mis aspiraciones.

Su respuesta era muy simple: NADA. Mi conclusión automática no fue ni más ni menos que hacerla corresponder con el pesimismo que a esta persona le seduce en numerosas ocasiones, opinión que no se conjuga en absoluto con la mía, más caracterizada por la posición contraria de optimismo y alegría que además siempre espero se mantenga asociada a mi nombre.

Cuando ya mis restos se hallen dispersos y mezclados por entre las flores, la tierra, el agua y el viento (innumerables veces he ratificado que no deseo permanecer eternamente sepultada en un rectángulo para servir de lamento a no sé qué días señalados del calendario, sino que quiero formar comunión con otras vidas a través de las partes de mi cuerpo que sean aprovechables, y las que no lo sean, se lancen incineradas a la naturaleza, a la vida que me arropó durante todo el periodo de mi existencia para que mi alma y mi esencia vuelen en eterna libertad), quisiera perdurar en el recuerdo, en las risas de la rememoración de los momentos que más intensamente viví con mi familia y con mis amigos. Aspiro a que todos aquéllos que me han conocido -y quieran participar-, compartan una fiesta de fin de curso, sin lutos ni lágrimas, repitiendo una vez más todas aquellas anécdotas y vivencias tan divertidas que vivimos juntos -como tantas veces recordamos y reímos cuando nos sentamos a conversar reunidos cualquier día de la semana. Y al final, cuando ese día ya haya terminado y se den sucesión a los siguientes días de otras mañanas o tardes, que un olor, un gesto, una palabra, hagan recordar mi imagen en la mente de las personas que estuvieron junto a mí, se les dibuje una sonrisa y mi esencia perdure de esta forma alegre y vivaz en su recuerdo.

¿Y tú, qué esperas de la vida cuando te hayas ido?

Mira por la ventana de mi corazón Miércoles, Jun 11 2008 

¿Cambiar el mundo? Si el mundo no quisiera cambiarse por ti, de nada servirán tus argumentos o tus sentencias.

Vivir es el resultado de haber nacido, pero podemos conformarnos con que sea un mero síntoma, o podemos absorber toda la energía que fluye  a nuestro alrededor y transformarla en una caricia constante que invada nuestro universo con una eterna sonrisa.

                       

                                                           Gema Sánchez García

 

Quien me conoce, sabe de mi carácter recio y firme, manteniendo la defensa de mis principios y de las cosas bien hechas -a mi juicio y bajo los dictámenes de mi mente, que sé y admito, no siempre tienen que ser los únicos. Sin embargo, es la pasión el sentimiento y el motor que rezuma por cada uno mis poros, el que mueve mis inquietudes y mis ganas, la pasión tutelada bajo ese carácter que me define.

Vivo sin miedo de tener que dosificar esa pasión que algunos desechan, porque es una amenaza para sus automatismos, sus mecanismos estáticos y sus posesiones parasitarias. Vivo con esa pasión que me conduce a reír, de una manera fresca y vital, a reír sin ocultar mi emoción y mis ganas de llenar con mi energía cada espacio de mi cuerpo y de mi entorno. Me encanta reír y quien me conoce, también lo sabe.

El arte de la seducción laboral Miércoles, Jun 4 2008 

Siempre pensé que en la vida se puede uno encontrar con dos estilos de personas -atendiendo a los modos de comportamiento dentro del mundo laboral-: los que trabajan y los que no.

Sin embargo, tras años de experiencia en este entorno, he podido comprobar que hay toda una colección de submundos dentro de cada uno de los referidos estilos, y respirando en ellos, auténticos artistas de la manipulación, la simulación, el descrétido, la hipocresía, etc.; que, afortunadamente, deben lidiar laboriosas batallas cada día tanto entre ellos como contra los miembros del otro estilo, los que se dedican a intentar ganarse la vida honradamente y con el cierto grado de sudor que su actividad pueda implicar.

Y digo “afortunadamente”, porque aún estamos en el tiempo de que exista el “ying” y el “yang”, es decir, que aunque no hayamos conseguido erradicar la especie de los que no trabajan (y no me refiero, claro, a aquéllos que por unos u otros regalos de la vida no necesitan llevar un jornal a casa cada fin de mes), sigue existiendo un número muy significativo de personas que se dedican a cumplir con la responsabilidad asignada y no a marear la perdiz, o al personal de enfrente, que es mucho más grave.

Pero hablaba antes de una gran variedad de submundos dentro de estos estilos, porque ya no me parece tan fácil determinar y catalogar a qué bando pueda pertenecer cada uno. Han proliferado tanto en los últimos tiempos estas especies, que de alguna forma han comenzado a mezclarse unos con otros, a mutar filosófica y actuacionalmente, y han dado lugar a nuevos conceptos de oportunismo, gestión del tiempo, formas de dedicación y desarrollo de capacidades, que es difícil determinar e identificar quién se está dedicando a una materia y quién a la otra. Cada cual que reflexione acerca de su entorno y saque las propias conclusiones, pero mantengamos siempre la neurona de identificación en situación de alerta, porque es fácil caer en la red pringosa que ese arte de seducción despliega tridimensionalmente, y los escenarios a los que por ello te veas avocado pueden resultar altamente nocivos y destructivos.

LOS INCONVENIENTES DE LA NECESIDAD

O DE LAS ILUSIONES

(extracto de capítulo)

            En aquel momento irrumpió en la cocina Paco, el tercero de los Capirote. Entró como un torbellino, porque él siempre caminaba a toda prisa hacia cualquier parte. Nadie de la familia se explicaba muy bien por qué, pues el pausado movimiento del reloj en aquel pueblo no invitaba a tantas velocidades, pero él, que se empeñaba en controlar todo, en medir cada detalle y en perseguir que los actos de sus hermanos siempre se realizaran con una pulcritud mayor de la necesaria, tenía que adelantarse al pasar del tiempo, y eso era una tarea ardua.

 

            -Jonás ha vuelto a caer enfermo –dijo sin preámbulos-, se le ha vuelto a poner el cuello del revés. Ya lo dijo el veterinario cuando asistió a nuestra madre. “Este niño viene torcido, y aunque al pasar por el agujero se enderece para poder venir al mundo, siempre volverá a torcerse en el momento más inesperado, y no habrá medicina que lo cure.”

 

            -¿Y se le queda el cuello del revés? –preguntó Camil atónito por desconocer una enfermedad semejante.

 

            -Así es. Sobre todo le ocurre cuando hace intentos de ir a trabajar a los campos. Sale de la casa todo preparado y en perfecto estado de salud, le pide a Quico que le ensille el caballo y, mientras espera en la puerta a que el muchacho se lo traiga, se queda unos minutos contemplando al Boriano tomando el sol en el porche en su eterna imagen sujetando la limonada. Entonces éste aparta el ala de su sombrero y siempre le dice a Jonás: “Parece que hoy vamos a tener un día duro de trabajo”, y vuelve a echarse el sombrero hacia delante para que el sol no le moleste en los ojos. Y ¡oye!, como si ésa fuera una frase maldita, el Jonás empieza a sentirse fatal, se le retuerce el cuello hacia un lado y tenemos que subirlo corriendo a la habitación para que no se desplome allí mismo. Pero ya te digo, el pobre tiene esta desgracia de nacimiento y no hay manera de curarle. Al cabo de unas semanas se le pasa, pero está más tiempo metido en la cama que otra cosa, y encima siempre mirando al otro lado, como se le queda el cuello así… De modo que he pensado en cambiarle el catre de sitio, para que, al menos, tenga una visión más agradable que la pared, que es para donde siempre le coincide la cara cuando le agarra la enfermedad. ¡Muchacho! –exclamó de repente-. Me ha dicho el Mario que tú te encargas de los recaos. Ve a buscar al Quico, que tiene unos buenos brazos, y entre los dos me ayudáis a mover la cama.

 

            Apenas transcurridos unos minutos, Camil estaba de vuelta con el mozo en la habitación del Capirote mayor, sintiéndose satisfecho de haber realizado con presteza su primer mandado. Encontraron a Paco apoyado sobre la mesita de noche, metro y lápiz en mano, dibujando sobre un papel.

 

            -Aquí estamos.

 

            -¿Qué hay que hacer?

 

            -Un momento, un momento –respondió él-, las cosas hay que hacerlas bien. En primer lugar, he realizado un plano de la habitación con la disposición de la ventana y los demás enseres. Ahora hay que tomar las medidas. Tú Quico, sujeta aquí el extremo del metro, yo cantaré los datos, y tú Camil, anotarás escrupulosamente sobre el papel lo que yo te diga. Después hallaremos la media de las distancias. Una vez calculado el punto central de la habitación, miraremos si coincide con el punto central de la ventana, según la proyección sobre la pared.

 

            -¿Y si no cuadran? –preguntó Camil sin pretender ser aguafiestas.

 

            -Entonces lo tendremos mal, porque será necesario diseñar una recolocación y habremos de empezar de nuevo. Mejor ni lo mientes.

 

            Ante aquellas palabras, Quico empezó a ponerse nervioso y a caminar de un lado para otro como una peonza descontrolada.

 

            -Pues hay que darse prisa –añadió-, porque yo tengo que guardar los animales y hacer la comparación de los palotes, y claro, si hay que hacer todos estos dibujos y después las sumas y las restas se me echará el tiempo encima, y los animales no pueden dormir fuera de la cuadra porque por la mañana tengo que volver a contarlos mientras salen, y no puedo hacerlo si no los he metido antes, y…

 

            -¡Diantre Quico! ¡Calla ya! Que nos vas a volver locos a todos y así no vamos a acabar nunca. Bueno, pues como decía, si los puntos centrales coinciden, haremos una marca en el sitio exacto, entonces buscaremos el punto central de la cama y la llevaremos hasta la marca de forma que encajen perfectamente. Y, por fin, ya sólo nos quedará girar el catre en un sentido u otro hasta que la posición de la cara del Jonás le permita ver el paisaje, y no tanto muro como hasta ahora sólo tiene delante cuando se le tuerce el cuello por la enfermedad.

 

            Quico se había perdido en la segunda frase del patrón, de forma que permaneció con el extremo del metro en la mano, esperando a que a cada momento le dieran instrucciones exactas y concretas sobre lo que tendría que hacer. Pero Camil, tras haber escuchado en silencio los planes que el Capirote se había forjado en su mente y haber evaluado la extrema complicación de lo pensado, replicó:

 

            -¿Y no sería mejor hacerlo “a ojo” y pedir a Jonás indicaciones sobre la posición que más le guste?

 

            -No, no. Las cosas hay que hacerlas bien, o no se hacen.

 

            -De acuerdo, usted manda y paga.

 

            De modo que sin más dilación, los tres se pusieron manos a la obra con el plan, hasta que apenas transcurridos unos minutos volvieron a detenerse ante la presencia del Boriano, que atraído por los ruidos de muebles y el tumulto que Quico organizaba en sus protestas, decidió abandonar la tumbona del porche y acercarse.

 

            -¿Qué estáis haciendo?

 

            -Pues nada –contestó Paco mientras con la cinta estudiaba los centímetros de la pared-, que como el Jonás se ha vuelto a poner malo, he pensado en colocarle de forma que se pueda entretener al menos con el paisaje.

 

            Y continuó explicándole con todo lujo de detalles los propósitos de su plan.

 

            -Me parece bien, pero veo un problema. ¿Y si la habitación no es totalmente cuadrada? ¿Y si hay alguna pared que mida más que otra?

 

            -¡Adiós! –exclamó Camil sin poder evitar la expresión-. ¡Lo que faltaba!

 

            -Tienes razón Boriano –añadió Paco sin prestar atención al comentario del chico-. ¡Hay que medirlo todo!

 

            -Ya lo sabía yo –protestó Quico-, aquí nos dan la amanecida y yo sin guardar los animales. ¡El Mario me va a pegar una bronca que me va a dejar tieso! Porque mi trabajo es la cuadra, y no estar aquí sujetando el metrito, que no sé ni para qué sirve.

 

            Y el jaleo se acrecentaba con las pegas de unos y las opiniones de los otros, aunque a Jonás aquello no parecía importunarles ni un ápice porque seguía en la cama, con el cuello retorcido y sin emitir señal de aprobación o desaprobación, como si la guerra no fuera con él. Pero ante el aumento de jolgorio, también Mario acudió a la habitación para enterarse de lo que estaba sucediendo y, por supuesto, aportar la consiguiente opinión.

 

            -¿Qué estáis haciendo todos aquí?

 

            -Pues que como al Jonás le ha enganchado otra vez la enfermedad y el pobre así postrado no tiene más vista que la pared, hemos decidido cambiarle la cama de sitio. Estamos haciendo las oportunas mediciones para que todo quede perfectamente encuadrado.

 

            Y antes de que Paco pudiera continuar con los argumentos, Mario se remangó la camisa y añadió: “¡Pero qué mediciones ni qué leches!

 

            Dejó la cajita en el suelo, no sin gesto de contrariedad ante tener que resignarse a la realización de semejante acto, y comenzó a empujar el catre hasta colocarlo frente a la ventana.

 

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